Cuatro días en la ciudad de las bicicletas

Si me preguntaran cómo definiría a la ciudad de Ámsterdam diría que es una ciudad única donde la belleza y la serenidad conviven con un transfondo algo sórdido. Y es que Ámsterdam lleva a cuestas una larga tradición de tolerancia y lucha por la libertad que le ha permitido que su genuino color naranja, sus tulipanes, sus canales, sus museos y sus grandiosas fachadas de la Edad de Oro convivan con multitud de bicicletas, mercadillos callejeros, humeantes coffee shops y particulares locales de ocio sexual.

Su aspecto jovial, sus proyectos de ampliación urbana y un desarrollo arquitectónico de calidad la han convertido en un interesante referente de modernidad que recibe unos 7,5 millones de turistas al año. A pesar de su tamaño compacto, Ámsterdam es una ciudad que comprende aspectos muy variados y ofrece de todo para todos los gustos y bolsillos. La ciudad acoge algunos de los mejores museos del mundo para aquellos que quieran empaparse del arte y bulliciosos mercados para aquellos que disfrutan sumergiéndose en la vida local.

Abierta de par en par, la ciudad de las libertades te recibe como a uno más. Inadvertido entre la muchedumbre de diferentes etnias, colores e idiomas que mana del centro histórico de la ciudad, la plaza Dam. Esto se acentúa si llegas a Amsterdam el 30 de abril, Día de la Reina. Ese día el mar de gentío te recibirá inmersa en un ambiente festivo e intenso y las calles estarán plagadas de mercadillos en los que se venden todo tipo de objetos de segunda mano.

Después, lo mejor es echarse a andar, porque aunque Ámsterdam es la ciudad de las bicicletas caminar es la mejor manera de descubrir una ciudad irrepetible. La plaza Dam preside el Nationaal Monument, en cuyas escalinatas hay gente de todas las edades disfrutando de esta ciudad llena de vida. Desde aquí puede verse cómo recortan el cielo el campanario de la Nieuwe Kern; el chapitel neogótico de la antigua oficina de correos Magna Plaza, ahora convertida en centro comercial; y las estatuas del Koninklijk Paleis y los escaparates de De Bijenkorf. En Dam nace Kalverstraat, la calle comercial más famosa de la ciudad que te llevará hasta Spui, una plazuela muy animada llena de cafés y librerías donde puedes disfrutar de un descanso en el popular Caffé Esprit; o dar un salto en el tiempo en el rincón medieval de Begijnhof, una pequeña ciudad dentro de la ciudad, antaño reservado a las mujeres solteras o viudas. En una de las esquinas del patio está el Museo Histórico de Ámsterdam, con cuadros, libros y objetos ilustrativos de la historia de la ciudad.

El paseo por los más bellos canales de la ciudad comienza siguiendo la estela del canal Singel hasta el Herengracht pasando por Leidsegracht. Este tramo recibió el nombre de Curva Dorada en el siglo XVII debido a la riqueza de los comerciantes que allí vivían. En este mismo canal Singel se encuentra a diario el mercado de las flores conocido como Bloemenmarkt. Aquí se pueden encontrar flores frescas y bulbos de más de 700 clases de tulipanes que,  ¡os aseguro que crecen!. Cuando los pies ya no puedan más es fantástico dar un paseo en barco a través de estos canales para poder admirar la arquitectura de la ciudad y las impactantes casas flotantes hasta el Grachtengordel.

Al oeste del Grachtengordel se encuentra el particular museo de la Casa de Ana Frank o Anne Frank Huis. En ese mismo lugar Ana Frank se escondió de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y escribió su diario; una serie de citas, fotografías y objetos originales ilustran los acontecimientos que allí tuvieron lugar. En el Jordaan hay muchas tiendas extravagantes donde puedes encontrar ropa de alta costura extraviada, y también animados cafés y bares.

Caminando hacia el sur por Prinsengracht se encuentra una de las zonas más hermosas de Ámsterdam conocida como las Nueve Calles o Negen Straatjes. Se trata de 9 calles comprendidas entre Raadhuisstraat y Leidsestraat en las que predomina el arte, el comercio y la cultura. Aquí podrás encontrar ropa alternativa y vintage, libros, joyas, discos, galerías de arte y cafés para relajarte del mundanal ruido del centro de la ciudad. Justo en Leidsegracht se encuentra el Café George, un bistró francés frecuentado por la gente de moda de la ciudad que ofrece unos huevos benedictine para chuparse los dedos; y ya en la animada Leidseplein se encuentra el Café Americain, uno de los más elegantes de la ciudad, con un estilo art decó.

En Ámterdam el arte y la cultura cobran mucha importancia. El Barrio de los Museos no es sólo uno de los mejores de la ciudad, con anchas calles y elegantes casas; también alberga un majestuoso parque flanqueado por los centros culturales más importantes de la ciudad. En el Rijksmuseum se puede disfrutar de parte del mobiliario antiguo del Café Americain, así como de una colección única de arte holandés con fantásticas obras como “La lechera” de Vermeer o “La ronda de noche” de Rembrandt. Pero, sin duda, el más famoso es el Museo Van Gogh, donde se encuentran las principales obras del insustituible artista. Tras disfrutar de los museos se puede pasear a lo largo de Pieter Cornelisz Hooftstraat para visitar los escaparates de las principales firmas del sector del lujo o dar un paseo en bicicleta a través del Vondelpark, el parque más grande de Ámsterdam.

En la zona este del Grachtengordel se encuentra el barrio de Pijp, alegre zona multicultural que alberga tiendas y cafés, especialmente en el Rembrandtplein, o mercados como el Albert Cuypmarkt, el mayor mercado de la ciudad donde sus 325 puestos venden quesos, fruta, pescado, antigüedades e increíbles tejidos a precios fantásticos; y donde no puedes perderte las hamburguesas de Burgermeester. En este barrio se puede ver como las casas conservan la tradición calvinista de no poner cortinas, para mostrar que no tienen nada que ocultar al resto de la comunidad. Sin embargo, el contraste será notablemente evidente al visitar el conocidísimo Barrio Rojo, donde las prostitutas se exhiben en vitrinas rodeadas de neones, esperando a la clientela.

Así es Ámsterdam: conservadora y liberal; elegante y bohemia; clásica y jovial; rica y pobre. Una ciudad atípica y contradictoria con una belleza singular. Un lugar único en el mundo que te sorprenderá.

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